Hondureños en el Mundo

Puente de Baltimore: Una última lucha para los trabajadores inmigrantes

La repatriación de los restos de los trabajadores del derrumbe del puente de Baltimore es un proceso complejo, costoso y dolorosos para los familiares
07.05.2024

Por Cassidy Jensen, Christine Condon, Maya Lora (The Baltimore Sun)

Casi dos décadas después de que Maynor Suazo Sandoval dejara Honduras en busca de la llamada prosperidad americana, finalmente hizo el tan esperado viaje a casa.

Suazo Sandoval estaba a un mes de cumplir 39 años cuando él y otros cinco trabajadores de construcción murieron el 26 de marzo cuando el puente Francis Scott Key se derrumbó.

Su regreso a casa le permitió a su madre, Emérita, dejar descansar a su hijo menor en su tierra natal. Los restos de Maynor llegaron este martes 7 de mayo al aeropuerto de La Lima, Cortés, desde donde fue llevado hacia la funeraria Amor Eterno de San Pedro Sula, en el norte de Honduras.

“Era el deseo de Maynor de ser enterrado en su tierra,” dijo su sobrino, Héctor Guardado Suazo, por teléfono desde Honduras.

Suazo Sandoval, quien era un padre que mientras estuvo en Estados Unidos envió suficiente dinero para financiar una liga de fútbol infantil y la educación de sus familiares, no era el único entre los inmigrantes del área de Baltimore que quieren que su país de origen sea su lugar de descanso final. Pero la repatriación es un proceso largo y costoso. Y complica los arreglos fúnebres para los familiares, muchos de los cuales se ven obligados (por la separación física y la necesidad de visas y pasaportes) a estar de luto en un país o en otro.

Aun así, la tradición o el deseo de satisfacer los deseos del hondureño motivó a las familias inmigrantes de Maryland a juntar miles de dólares, algunos vendiendo pollo y arroz en obras de construcción o pidiendo donaciones en línea.

Candi Cann, profesora asociada de la Universidad de Baylor que estudia la muerte, el morir, y el luto, dijo que para los muchos inmigrantes que vienen a Estados Unidos por necesidad económica, la repatriación es el último “regalo” que una familia puede darle al difunto.

“Muchos de ellos se fueron porque sentían que no tenían otras opciones,” dijo Cann. “La repatriación en estas circunstancias se vuelve aún más importante y se convierte, en otras palabras, en una especie de símbolo del amor y cuidado de la comunidad, de que su último acto por los difuntos es permitirles regresar a casa.”

Hasta ahora, los equipos que buscan en las profundidades del Río Patapsco han recuperado los cuerpos de cinco hombres, entre ellos Suazo Sandoval y Miguel Luna, cuyo cuerpo fue encontrado el miércoles.

Un trabajador, José Maynor López, que seguía desaparecido, fue hallado este martes 7 de mayo, cerrando así la búsqueda de las víctimas mortales.

A la vez que algunas de las familias de los trabajadores han decidido repatriar a sus seres queridos, los familiares de Luna y de Alejandro Hernández Fuentes, de 35 años, planean enterrarlos en Estados Unidos.

La gran atención pública y la simpatía por las familias de los trabajadores en el puente Francis Scott Key han generado suficiente dinero para ayudar a financiar los gastos de repatriación, además de garantizar que Estados Unidos otorgara permiso a dos docenas de familiares para viajar aquí para llorar su pérdida en persona. Los funcionarios obtuvieron autorización en tan solo 24 horas para que algunos familiares ingresaran a Estados Unidos, dijo Tom Pérez, un alto asesor de la Casa Blanca y ex Secretario de Trabajo federal y de Maryland, que se ha reunido con las familias.

Los familiares de inmigrantes de Maryland que mueren en circunstancias menos públicas dependen de activistas comunitarios, directores de funerarias, y diplomáticos del extranjero para acompañar a sus seres queridos a casa. Para algunos, el sistema de inmigración estadounidense determina si las familias lloran juntas o separadas.

Maynor Suazo Sandoval, un trabajador de la construcción que murió mientras trabajaba en el puente Francis Scott Key cuando se derrumbó.

El camino a un viaje final

El lunes por la mañana, el director de la funeraria, Brian Cable, se preparó para transportar el cuerpo de una mujer del Servicio Funerario Philip D. Rinaldi en Silver Spring al Aeropuerto BWI Marshall para su último vuelo a Honduras.

No es inusual que la funeraria en las afueras de Washington repatrie semanalmente varios cuerpos a otros países, parte de un servicio por el que Rinaldi cobra 7,500 dólares (186,150 lempiras).

Aunque organizar una repatriación puede tardar entre siete y diez días laborables, las familias a veces esperan meses para enviar un cuerpo para permitir que la inestabilidad política disminuya en casa, reunir a familiares lejanos para un funeral, esperar a que pase la temporada de lluvias, o recaudar suficiente dinero, dijo Cable.

El lunes, el ataúd de metal sellado de la mujer yacía en un contenedor de cartón montado sobre una base de madera. Los empleados de Rinaldi reunieron un certificado de defunción, una declaración jurada, una carta del departamento de salud del condado indicando que el cuerpo estaba libre de enfermedades contagiosas, y un permiso de tránsito para el entierro.

Días antes, sus familiares llevaron a cabo un servicio religioso y una vigilia nocturna. Cable dijo que las familias a menudo realizan visitas tarde en la noche para permitir que asistan otros inmigrantes que tienen dos o tres trabajos.

Susana Barrios asistió a una misa nocturna en marzo en el Sagrado Corazón de Jesús para tres miembros de una familia que murieron en un incendio en Baltimore Highlands, en el sureste de Baltimore.

Barrios, vicepresidente del grupo comunitario Latino Racial Justice Circle, ayudó a organizar la repatriación de los cuerpos de la familia guatemalteca, resolviendo el complejo papeleo que puede ser un obstáculo para las personas sumamente adoloridas.

Ángel Gustavo Adolfo Paz Gutiérrez, 8; su hermana, Yeymi Rubi Gutiérrez Paz, de 13 años, y su primo, Geremías Gutiérrez Gómez, de 22 años, fueron enterrados el 24 de marzo en Guatemala. Barrios usó un contacto en el consulado de Guatemala para ayudar en el proceso de tres semanas, un recurso que, según dijo, no todos conocen.

“Muchas veces, la gente simplemente va por su comunidad y hacen ventas de comida. Venden pupusas, venden lo que sea, para juntar dinero para repatriar,” dijo Barrios.

Unos pocos miles de dólares pueden ser un obstáculo para las familias que acaban de perder a alguien que era el sostén económico para dependientes en su país de origen. Ese fue el caso de Geremías Gutiérrez Gómez, quien mantenía a su hijo y a su hermana menor en Guatemala.

Susana Barrios, (segunda de la derecha) vicepresidenta de Latino Racial Justice Circle ha ayudado a organizar la repatriación de inmigrantes que han muerto en Baltimore. Aquí está el 27 de marzo de 2024, con Lucía Islas a la izquierda, Gevene Alarcón, Barrios, y Carlos Crespo. Hablaron sobre los esfuerzos de recaudación de fondos para ayudar a las familias de las víctimas del derrumbe del puente. (Amy Davis | Baltimore Sun)

Además, dijo Barrios, las funerarias a veces cobran demasiado a las familias en duelo o no son transparentes sobre sus precios.

“Si sabes lo que está pasando, no es muy complicado,” dijo Barrios. “Pero si no sabes lo que está pasando, puedes ser víctima.”

Barrios vivió en carne propia el proceso de repatriación hace más de dos décadas. Su hermano, Carlos Flores, de 33 años, fue encontrado muerto en 2003 en un remolque en un lugar de construcción en Fells Point. Consumida por la angustia, dejó que su entonces marido se encargara de la mayoría de los arreglos.

“Para nosotros, no fue religioso. Era mi madre,” dijo Barrios. “Necesitaba enterrarlo en Guatemala. Ella lo visita allí.”

Para la mayoría de los familiares indocumentados, estar de luto por separado es una “triste realidad,” dijo Barrios. Algunas personas que viven en Estados Unidos no pueden viajar a casa con un cuerpo sin correr el riesgo de que se les niegue el reingreso, mientras que los familiares en el extranjero no pueden ingresar fácilmente a Estados Unidos para hacer arreglos fúnebres. Incluso para aquellos con un estatus migratorio seguro, el tiempo y la distancia pueden crear sus propias dificultades.

“Es una bendición y una maldición cuando estás aquí y no has visto a familiares en tantos años,” dijo Barrios. “Cuando alguien fallece y estás acostumbrada a no verlos, a veces no parece real que se haya ido.”

El director de funeraria Brian Cable de Rinaldi Funeral Service en Silver Spring habla sobre las complicaciones de repatriar a difuntos a sus países de origen. (Jerry Jackson | Baltimore Sun)

Papeleo adicional

Además de proporcionar o aprobar documentos, los consulados del extranjero también ofrecen asistencia financiera a quienes intentan enviar a un ser querido a casa. Las familias hondureñas en el área de Washington que soliciten ayuda al consulado para pagar la repatriación pueden acudir a una de las seis funerarias, incluyendo dos en Maryland, dijo Bianka Cortés, agente de protección de migrantes hondureños en la Sección Consular de la Embajada de Honduras en Washington.

Para las familias necesitadas, el consulado de Honduras pagará el costo (alrededor de $7,000 a $10,000 -L 186,150 o L 248,200-) directamente a esas funerarias.

“En Honduras no tenemos la cultura de cremar nuestros cuerpos, por lo que enterrarlos es nuestra forma cultural de decir nuestro último adiós a nuestros familiares,” dijo Cortés.

Las familias en Honduras suelen realizar un velorio y pasan 24 horas comiendo y bebiendo café antes de enterrar el cuerpo al día siguiente, dijo Cortés. El Consulado General de Guatemala en Maryland recibe mensual entre 15 y 20 solicitudes de información sobre la repatriación de restos de seres queridos. Según un portavoz del consulado, unas tres familias cada mes solicitan ayuda económica.

Los directores de funerarias realizan la mayor parte del trabajo preliminar cuando se trata de la repatriación, que varía según el país y requiere más documentos que un entierro local o el transporte de un cuerpo dentro de los Estados Unidos.

“En realidad todo tiene que ver con el papeleo,” dijo Michael T. Kaczorowski, propietario y director de la funeraria Kaczorowski en la avenida Dundalk. “Tratamos de quitarle a la familia todo lo humanamente posible de los preparativos.”

Para enviar un cuerpo a algunos países, el director de una funeraria con sede en Maryland tendría que visitar un consulado en Washington, certificar los documentos en Annapolis, y traducir los materiales profesionalmente, todo antes de reservar un vuelo y llevar el cuerpo al centro de carga del aeropuerto. Coordinar a través de las barreras del idioma con una funeraria en el país receptor puede agregar una capa adicional de dificultad. Los precios varían, ya que los costos, como los pasajes aéreos, fluctúan a lo largo del año.

Los requisitos difieren de un país a otro y de una aerolínea a otra. En algunos casos, es posible que no se acepten restos que no hayan sido embalsamados o cremados, dijo Jack Mitchell, presidente de la funeraria Mitchell-Wiedefeld en Towson y expresidente de la Asociación Nacional de Directores de Funerarias.

Un requisito de embalsamamiento podría crear dificultades adicionales para algunas familias del puente Francis Scott Key, dijo Mitchell. Los cuerpos de las víctimas encontradas más tarde pueden estar demasiado descompuestos para el proceso de preservación tradicional, que requiere que los fluidos circulen a través de los vasos sanguíneos de una persona, dijo Mitchell.

Sin embargo, los directores de funerarias pueden usar otros métodos de embalsamamiento para cumplir con los requisitos, dijo Andrew Dowell, director de la funeraria Lilly & Zeiler en Baltimore, que maneja una o dos repatriaciones cada mes.

O las familias podrían optar por la cremación.

Los países de donde procedían los seis trabajadores en el puente Francis Scott Key (Honduras, El Salvador, México, y Guatemala) tienen profundas raíces católicas. Aunque el Vaticano levantó la prohibición de la cremación en 1963, la iglesia todavía exige que las cenizas sean enterradas en vez de esparcidas.

Se celebró una misa fúnebre para los hermanos Yeymi Rubi Paz Gutiérrez, de 13 años, y Ángel Gustavo Adolfo Paz Gutiérrez, de 8 años, y su primo, Geremías Gutiérrez Gómez, de 22 años, después de que murieran en un incendio en Baltimore. (Kim Hairston/Baltimore Sun)

A casa a Katmandú

Para algunos inmigrantes, las tradiciones funerarias locales pueden impulsar el deseo de repatriarse. En Nepal, esas costumbres suelen ser la cremación del difunto en un fuego de leña a orillas de un río cercano.

Para los nepalíes cuyos seres queridos mueren en Estados Unidos, el delegado demócrata Harry Bhandari del condado de Baltimore dijo que se ha convertido en algo así como una “llamada al 911.” Desde que se convirtió en el primer estadounidense nepalí elegido a un cargo en 2019, ha ayudado a casi 400 familias a navegar el proceso de repatriación de cuerpos al sur de Asia.

Algunos desafíos de la repatriación a Nepal incluyen contactar a familiares más cercanos que están a 10 zonas horarias de distancia y no tienen acceso telefónico ni a Internet confiable, así como transportar restos a ciudades tan remotas que pueden requerir un viaje en helicóptero desde la capital de Katmandú.

Para los ricos y bien conectados, el proceso puede no ser difícil, afirmó Bhandari. Pero la mayoría de las personas que llaman a Bhandari para pedir ayuda provienen de familias pobres, con un ser querido fallecido que viajó a Estados Unidos en busca de educación u oportunidades.

“No tienen voz. Les resulta difícil navegar el proceso,” dijo Bhandari. “No tienen los recursos. No tienen un contacto.”

Por toda la comunidad nepalí-estadounidense, se ha corrido la voz sobre su experiencia, hasta el punto de que sus residentes de la tercera edad lo mencionan.

“Dicen: ‘Oye, delegado, he oído que ayudas a los nepalíes,’” dijo Bhandari. “’Si muero, ¿podrías enviar mi cuerpo a Nepal?’”

La reportera del Baltimore Sun, Lia Russell, contribuyó a esta nota. Este texto fue traducido por Patricia Guadalupe.